
Maravilloso libro.
Siempre suelo tener de antemano algo en contra de todas aquellas novedades (si a La Carretera se le puede llamar novedad) literarias que son alabadas por un número demasiado grande de estamentos.
Desde que empecé a leer cosas sobre este libro (ganador del Pulitzer) no paré de recibir elogio tras elogio. Mira, Carlos, que lo mismo te pasó con Stephen King y ahora saltas cuando alguien lo critica..., me dije.
Pues bien, me hice caso.
Bendito sea ese momento.
La Carretera es una OBRA MAESTRA. Una maravilla de poco más de doscientas páginas en el que un padre y un hijo recorren un país destrozado por un (supuesto) ataque nuclear. Hacia el sur. Siempre hacia el sur, donde se supone que debe haber supervivientes que no devoren a los niños. Donde se supone que debe haber esperanza. Donde la gente lleve el fuego, como ellos.
Tienen que leerlo, leches.
Es un libro perfecto. Una historia envolvente de esperanza y desesperanza. De recuerdos y de realidades. De lucha y fatiga. De vida y muerte.
Es un libro con una fuerza tremenda que te atrapa en las brumas llenas de niebla de los días y la negrura perfecta de sus noches.
Seguramente, a los enamorados de los libros en "los que pasan cosas" no les gustará. Pero miren, se pierden un libro que, les aseguro, debe pasar a la historia como uno de los grandes.
Desde que empecé a leer cosas sobre este libro (ganador del Pulitzer) no paré de recibir elogio tras elogio. Mira, Carlos, que lo mismo te pasó con Stephen King y ahora saltas cuando alguien lo critica..., me dije.
Pues bien, me hice caso.
Bendito sea ese momento.
La Carretera es una OBRA MAESTRA. Una maravilla de poco más de doscientas páginas en el que un padre y un hijo recorren un país destrozado por un (supuesto) ataque nuclear. Hacia el sur. Siempre hacia el sur, donde se supone que debe haber supervivientes que no devoren a los niños. Donde se supone que debe haber esperanza. Donde la gente lleve el fuego, como ellos.
Tienen que leerlo, leches.
Es un libro perfecto. Una historia envolvente de esperanza y desesperanza. De recuerdos y de realidades. De lucha y fatiga. De vida y muerte.
Es un libro con una fuerza tremenda que te atrapa en las brumas llenas de niebla de los días y la negrura perfecta de sus noches.
Seguramente, a los enamorados de los libros en "los que pasan cosas" no les gustará. Pero miren, se pierden un libro que, les aseguro, debe pasar a la historia como uno de los grandes.


